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Antonio Catalán, el eterno alcalde que nunca fue político

Antonio Catalán en una imagen de archivo de marzo de 2010, el día en el que la barca de Alforque volvió a flotar a la orilla del Ebro

A veces, la realidad se impone de forma tozuda. Y no siempre para bien. Hace solo 24 horas, me encontraba pensando sobre qué podría escribir en el artículo de este mes. Al final, el tema ha venido solo y ha resultado ineludible, pero también doloroso.

Y es que, desde me enteré del fallecimiento de Antonio Catalán -el que fuera alcalde de Alforque desde las primeras elecciones democráticas de 1979 hasta las de 2019- no han parado de pasar por mi cabeza momentos genuinos y bonitos vividos durante los más de 14 años en los que, como alcalde, Antonio me ponía mensualmente al tanto de las cosas que pasaban en Alforque para que yo pudiera publicarlas en este periódico.

“El otro día me llamó una periodista que trabajaba no sé en qué medio y me dijo que le contara cosas de mi pueblo. Pero yo le dije que no, que yo ya tenía mi periodista y que ya no le contaba las cosas a nadie más”, me dijo poco tiempo después de que yo misma le grabara mi número de teléfono en la agenda de su móvil. “Así cuando me llames, sabré que eres tú y te lo cogeré”, me dijo. Y así fue. Yo le expliqué que podía contarle las cosas que se hacían en su pueblo a cualquier periodista que lo llamara, que cuantos más supieran todo lo bueno de Alforque, mejor. Y me hizo caso. Y desde entonces habló con orgullo a todo el que le preguntó de cuando, con 41 años, tomó las riendas del ayuntamiento porque -según él mismo decía- “era el más joven y tenía coche”.

Antonio fue alcalde del Alforque de sus amores durante 40 años, pero nunca se consideró político. Comenzó siendo alcalde por la UCD, pero el conseguir avances para su pueblo lo llevó a militar en el PAR y, a partir de su tercera legislatura, en el PSOE. “Las siglas dan igual. Lo único importante es trabajar por tu pueblo. Y en el mío estaba todo por hacer”, me dijo una vez. Una frase que desde entonces me parece la que debería definir la política local de cualquier pueblo pequeño.

Era imposible no contagiarse de la pasión que Antonio tenía por su pueblo. Los ojos se le nublaban por momentos cuando contaba la historia de uno de sus mayores orgullos como alcalde: la carretera que une Alforque con Alborge. “Cuando en 1974 se quemó la barca que nos unía a través del Ebro, el pueblo quedó prácticamente incomunicado. Por eso, durante ocho años, en Alforque no se hizo otra cosa. Cada peseta que entró en el ayuntamiento fue a parar al arreglo del camino, pero la gente lo entendió y estuvo totalmente de acuerdo", me explicaba emocionado en el 2006, cuando ese camino -tras más de dos décadas siendo de propiedad municipal y jugando un papel fundamental para cuidar las tierras, ir a comprar a Sástago o acudir al colegio- se convirtió por fin en la carretera que es hoy, tras una inversión de más de un millón de euros de la Diputación Provincial.

Solo unos años después, en 2010, Alforque estrenó otro de los orgullos de su alcalde: una barca de 18 metros de largo, réplica casi exacta de la que se había quemado hacía más de 30 años. La nueva barca fue remolcada desde la carpintería de Gelsa donde había sido construida hasta Alforque durante más de cuatro horas, y echada al Ebro unas semanas después, en lo que se convirtió en una gran fiesta popular para todos los alforquinos. “Ya me puedo morir tranquilo”, me dijo Antonio esa mañana de marzo de 2010 mientras me enseñaba su piel de gallina. Pero no. Por suerte, y aunque la salud se le fue complicando poco a poco, todavía lo vi muchas veces emocionarse. Cada vez que veía mucha gente en su pueblo. Y también cada mes de enero al encender las 10 toneladas de leña de la espectacular hoguera que el pueblo enciende por San Fabián y San Sebastián. Una emoción de la que me hizo partícipe en el 2016, cuando me dio el soplete y, con él, el enorme privilegio de encender esos 8 metros de llamas.

Por todo esto y por más cosas, gracias, Antonio. Por tu manera de entender la política. Por tu entrega y por todo lo que nos has enseñado. Tu legado permanecerá para siempre en el Alforque en el que siempre viviste, y tu carácter genuino y bondadoso en el recuerdo de todos los que tuvimos la suerte de compartir ratos contigo.

Esther Aniento. Periodista. Coordinadora de Zafarache

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