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Un pasito pa’lante, otro pa’trás

Foto igualdad

La normalidad se abre paso a trompicones, como si se llamase María y fuese al ritmo de esa famosa canción de Ricky Martín que decía que un ‘pasito pa’lante’ y ‘un pasito pa’tras’. Pues así estamos. Surfeando la séptima ola de una pandemia que, de lo malo malo, está haciendo que nos aprendamos el alfabeto griego.

Pero no quería yo hablar hoy de la pandemia, sino más bien de Ricky Martín. O, más concretamente, de los pasitos pa´lante y pa’tras de una canción que roza la simpleza más extrema, tanto en su letra como en el baile que la acompaña y, sin embargo, (o tal vez por eso), resulta ser un extraordinario resumen, no solo de la pandemia, sino de muchos más asuntos de la vida misma.

Este mes de noviembre, las conmemoraciones por el 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, han vuelto a las calles, a las plazas y a los colegios, en un intento por dar visibilidad a una lacra social con la que no se puede ser equidistante. Y ese pasito pa´lante que dimos ya hace años y que supone la visibilización social del problema es, en sí, una buena noticia para una sociedad que, no hace tantos años, se reía a mandíbula batiente en plena Nochevieja con el ya mítico “mi marido me pega” de Martes y Trece.

No somos los mismos de entonces y eso está muy bien. La violencia contra las mujeres ya no es motivo de charla en el bar, y ya nadie presume de haberle dado un par de bofetadas a su mujer. En los medios de comunicación ya no se habla de ‘crimen pasional’ o ‘arrebato de locura’ cada vez que alguien mata a su mujer, aunque siguen abundando los titulares y noticias que justifican al agresor y ‘revictimizan’ a la víctima.

Porque lo cierto, lo indudable, es que sigue faltando formación. En los medios de comunicación y en la sociedad en general. Una formación que va más allá de salir a la calle el 25N y el 8M. Una formación que debe hablar de igualdad real. Y que no se puede delegar por completo en los centros educativos porque solo puede comenzar en casa. Una educación en el respeto y en la igualdad de derechos que vaya dejando atrás todos esos estereotipos machistas que siguen arraigados en el ideario popular. Solo así conseguiremos seguir avanzando.

Porque el asesinato es la última forma de violencia y va precedida de la violencia física. Pero antes de esa violencia física siempre hay una violencia verbal. Y siempre, antes de una violencia verbal, hay otras violencias mucho más sutiles, pequeñas, implícitas, pero, no por ello, tolerables. Porque de la pirámide de la violencia solo se ve la punta -las 1118 mujeres asesinadas desde que se inició el registro en 2003-, pero los cimientos son profundos, y solo podemos hacer que se tambaleen con mano dura para los agresores y con educación en igualdad para todos.  

Porque solo atacando la base de la pirámide conseguiremos que los pasitos pa’lante dejen de intercalarse con pasitos pa’tras.

Esther Aniento, periodista. Coordinadora de Zafarache

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