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Nuestro pueblo, ese que todos llevamos dentro

Meandro de Cinco Olivas, en la Ribera Baja del Ebro. Foto: Jorge Tejel

Cuando una lleva dedicada a esto del periodismo hiperlocal la friolera de 18 años, a lo que está acostumbrada es a dar una lección de geografía cada vez que te preguntan dónde trabajas. “Bueno… hago un periódico que cuenta las cosas que pasan en los pueblos de una comarca, la Ribera Baja del Ebro”. “¡¡¡Ah...!!! ¿La comarca de Fuentes?”, suelen preguntar algunos. “No, no exactamente, son los 10 pueblos que van desde Pina a Escatrón”, suelo responder yo antes de ponerme a enumerarlos uno a uno.

Y, no os lo voy a negar, la mayoría de las veces (no siempre, pero sí casi siempre) el hecho de empezar a hablar de pueblos pequeños y de periodismo local suele ir acompañado de la pérdida de interés de mi desconocido interlocutor, que cuando ha oído que era periodista se ha imaginado automáticamente que mi realidad laboral pasaría por la redacción de un periódico importante, por una emisora de radio grande o, mejor aún, por un programa de televisión que me permitiera presentar algo o, al menos, ponerme un ratito delante de la cámara (porque ya se sabe que trabajar en la tele, pero que no se te vea nunca, tampoco mola mucho en el ideario social colectivo…)

Por supuesto, sería muy fácil combatir el desencanto de mi interlocutor hablándole de las pequeñas grandes historias con las que me encuentro todos los días, o explicándole que el periodismo local es el único capaz de crear comunidad y de mantener el consenso sobre la realidad en momentos como los actuales, en los que el consenso se rompe muchas veces y sobre casi todo. Pero normalmente me puede la pereza y lo dejo estar. La creencia popular establece que el éxito en esta profesión se mide en función del número de apariciones mediáticas que tengas, esto es así. Y sería agotador esforzarse en ir a contracorriente todo el rato.

Pero este mes de noviembre he vivido una experiencia que contradice esta realidad habitual de la que os hablo, la de que el éxito profesional de un periodista se mide en función de los miles de personas que le lean, le escuchen o le vean.

Hace unas semanas visité el Parlamento Europeo, al que tuve la oportunidad de ir junto con compañeros y compañeras de otros medios de comunicación aragoneses. Este viaje me reconcilió con este oficio en muchos aspectos y me recordó también la gran oportunidad diaria que tenemos los que nos dedicamos a esto de contar cosas.

Pero, sobre todo, este viaje a Bruselas, -a la sede de una institución que a menudo vemos lejana y cuyas decisiones tendemos a pensar que no nos afectan-, sirvió para que tomara conciencia, más si cabe, de que el carácter que nos imprimen nuestras raíces más profundas, las que se fraguan en nuestro país, en nuestra comunidad, pero, más aún, en nuestro pueblo, son imposibles de borrar por lejos que te vayas. La única eurodiputada aragonesa, Isabel García Muñoz, ejerció de perfecta anfitriona durante los tres días que duró nuestra visita. Y nos habló de cuántas cosas importantes se deciden allí, en aquella gran institución que a los que nos dedicamos a lo local nos parece otro mundo. Cosas que afectan, aunque nos parezca que no, -y mucho- al día a día de nuestros pueblos.

Pero, sobre todo, nos demostró que su Muel natal no saldrá de ella por lejos que esté su despacho de trabajo, un lugar en el que lucen las imágenes de la plaza del Torico, el Pilar de Zaragoza, la estación de Canfranc y, sobre todo, objetos hechos con la cerámica de su pueblo. “No vine aquí para olvidarme de Aragón, ni de mi pueblo, sino para que la realidad de Aragón se contara en Europa y pudiera tenerse en cuenta. Pero para que se conozca nuestra labor necesitamos que los medios locales le cuenten a la gente cómo le afecta lo que aquí se hace”, explicaba.

Y tenía razón. Porque lo que sentimos lejano, no nos interesa, pero que acaben las obras de la residencia de nuestro pueblo, que renueven la red abastecimiento que hace que salga agua cuando abrimos el grifo, o que soterren una rotonda que hará que nos evitemos varios atascos a la semana, son noticias de primer orden. Y sí, todo eso se paga con fondos que salen de Bruselas, pero lo importante, lo que afecta al día a día es lo pequeño, lo local, lo que cuenta el medio de ese pueblo que no saldrá de dentro de nosotros por lejos que nos vayamos.

Y, por eso, no se me puede ocurrir mayor éxito profesional que ese.

 Esther Aniento, coordinadora de Zafarache

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