El regaliz vuelve a echar raíces en Pina con la inauguración del obrador Ecoradiz
Pina de Ebro se ha convertido este mes de abril en el símbolo de una nueva forma de hacer las cosas. En el antiguo lavadero de la localidad, hoy reconvertido en un pequeño pero ambicioso obrador agroalimentario, ha arrancado oficialmente Ecoradiz, un proyecto que apuesta por la economía social, la sostenibilidad y la recuperación de la memoria colectiva en torno al regaliz de palo.
Así, el pasado 10 de abril, el claustro del convento de San Salvador acogió el acto de inauguración oficial del proyecto. No fue un acto institucional al uso. Las palabras que se escucharon no se centraron en cifras, ni en balances, sino en sueños, en tierra, en personas. Y eso ya dice mucho.
“Gracias a los que soñaron este proyecto y no se rindieron”, dijo el alcalde de Pina, Pablo Blanquet. “Este proyecto es la prueba de que en los pueblos se pueden hacer cosas innovadoras que dan oportunidades a los que tienen más dificultades”.
El corazón del proyecto late ahora en el antiguo lavadero municipal, un edificio cedido por el Ayuntamiento de Pina que ha sido rehabilitado con materiales sostenibles y soluciones imaginativas. Las paredes están aisladas con lana de oveja de rasa aragonesa, cedida por un ganadero local. El tejado genera energía con placas solares. Los proveedores han sido, en su mayoría, de cercanía. Todo encaja con el espíritu de la cooperativa Tararaina, impulsora de la iniciativa.
Un cultivo que vuelve del olvido
La idea de recuperar el regaliz no surge de la nostalgia, sino de la convicción de que mirar al pasado puede ayudar a construir futuro. Así lo entienden Bárbara Marqués y Ángela Millán, fundadoras de Tararaina, que llevan años trabajando para que este cultivo, tradicional en la Ribera Baja del Ebro, vuelva a tener sentido.
“El regaliz aguanta muy bien la inundación y el calor excesivo, por eso es ideal para zonas que muchos ayuntamientos tienen paradas por ser poco productivas para otros cultivos”, explicaba Bárbara hace unos meses, cuando el proyecto aún era un esqueleto de lo que hoy es una realidad. Ahora, esas palabras cobran forma con los primeros 4.000 kilos de raíz ecológica ya almacenados y secándose en Pina, y con una hectárea experimental plantada para comenzar la producción propia.
Pero Ecoradiz es mucho más que un cultivo. Es una cadena completa que abarca la producción, transformación y comercialización de un producto natural con enormes posibilidades: desde su uso en infusiones, cosmética o alta cocina, hasta sus aplicaciones terapéuticas por sus propiedades respiratorias, antiinflamatorias o digestivas.
Personas en el centro
Si hay algo que distingue este proyecto de otros es su fuerte componente social. Cuatro mujeres, seleccionadas tras una formación de 60 horas en transformación agroalimentaria, son hoy las encargadas de poner en marcha el obrador. Son mujeres que han tenido dificultades para acceder a un empleo normalizado y que ahora encuentran en Ecoradiz no solo una oportunidad laboral, sino un proyecto de vida.
“Para nosotras era importante no crecer por crecer. No queremos industrializar el proceso ni perder su esencia artesanal. Queremos que las personas que trabajen aquí tengan calidad de vida, puedan conciliar y sentirse parte de algo con sentido”, explica Ángela. La ubicación del obrador, entre la guardería y el colegio, también responde a esa filosofía: facilitar la conciliación real, tener a la familia cerca, hacer pueblo desde lo cotidiano.
Un espacio con alma
Durante la jornada de inauguración, las vecinas y vecinos de Pina pudieron recorrer las instalaciones y conocer el proceso de transformación de la raíz. Muchas personas recordaron el regaliz de su infancia, cuando se recogía como un complemento a otros trabajos del campo. Hoy, verlo reaparecer como centro de un proyecto con futuro despierta una mezcla de orgullo, sorpresa y esperanza.
La visita institucional, que contó el presidente de la Comarca Ribera Baja del Ebro, Juan Ramón Lis, y representantes de la Fundación EDP, la Dirección General de Despoblación del Gobierno de Aragón y otras entidades colaboradoras, culminó con una degustación que no dejó indiferente a nadie. El restaurante El Torero de Pina elaboró una serie de tapas donde el regaliz se convirtió en un ingrediente principal inesperado: desde croquetas de rabo de toro glaseadas con crema de trufa y regaliz hasta un bizcocho de regaliz con chocolate. Un viaje de sabores que demostró el potencial de este producto más allá de su uso tradicional.
Un futuro que ya ha empezado
Lo que el pasado 10 de abril se inauguró en Pina no es solo un obrador. Es una forma de entender el desarrollo rural desde otra mirada. No se trata solo de recuperar una planta, sino de construir un ecosistema que genere empleo, fortalezca la identidad local y devuelva el valor a lo pequeño.
El proyecto cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de Pina, la Comarca Ribera Baja, la Fundación EDP, el INAEM y la Fundación Aragón Emprende. Y, sobre todo, con el apoyo de personas que han entendido que apostar por la tierra es también apostar por las personas que la habitan.
Actualmente, Tararaina continúa trabajando para conseguir el sello ecológico y ampliar la red de colaboración con empresas interesadas en un producto de calidad, transformado en origen y con un fuerte valor añadido. Pero lo esencial ya está en marcha.
Ecoradiz no pretende ser un gran negocio. Pretende ser un buen negocio. Uno que, desde Pina, inspire a otros pueblos a buscar en sus raíces las semillas de un nuevo comienzo.











