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De progenitores y viajeros

Cigüeñas

Verano, según la RAE, es la estación del año que astronómicamente comienza en el solsticio del mismo nombre y termina en el equinoccio de otoño. En su segunda acepción lo describe como: época más calurosa del año, que en el hemisferio boreal corresponde a los meses de junio, julio y agosto…

Qué duda cabe que todos entendemos que verano significa además descanso estival. Así como estarán de acuerdo en otras acepciones sinónimas como: diversión, reencuentros familiares, cosechas, caminatas, playa, montaña, cenas con amigos, viajes…, etc., etc. De esto último es de lo que quería hablar hoy, de los viajes, más en concreto de las migraciones estivales que algunas especies de aves, llevan a cabo cada año con el fin de soportar mejor las insoportables temperaturas que en esas épocas tienen en sus áreas de procedencia.

Estoy seguro de que ya habréis visto (y oído) a los vencejos, a las golondrinas y aviones comunes. Trabajando sin descanso en la construcción de nuevos nidos y en la reparación de los utilizados el año pasado. La melodía armoniosa de la oropéndola o el trino del ruiseñor, así como el reclamo aflautado del autillo y los bandos de garcetas comunes en vuelos de formación. Todas ellas, aves provenientes de otras latitudes que vienen cada verano a estos lares. Aunque no solo vienen para escapar de las altas temperaturas que allí acontecen, sino que su primera y más importante misión es cumplir como buenos padres. En muchos casos, como las golondrinas, se emparejan de por vida (a no ser que alguna de las partes fenezca antes) y, como buenos progenitores, buscan un lugar idóneo, con alimento disponible y se lanzan a acometer su reproducción como especie. La tarea es ardua, hay que tener en cuenta que estos animales no cuentan con muchas facilidades, recordamos: tormentas, sequías acusadas, ventoleras, incendios forestales, líneas eléctricas, aerogeneradores, así como la subida de temperaturas debido al cambio climático, los cambios en los usos del suelo, los atropellos en carreteras y caminos. Ya ven, todo son obstáculos para estos progenitores e incansables viajeros. Por poner un ejemplo, la collalba gris (Oenanthe oenenthe) realiza cada primavera vuelos desde el África subsahariana, Senegal, el Congo, Gambia y otros países, hasta la península ibérica, siendo una especie reproductora también en todo el continente europeo, abarcando desde Noruega y Rusia al norte, hasta Gran Bretaña al oeste y los países mediterráneos al sur. Si hacemos una fácil suma podemos afirmar que, en un año, estas aves de apenas 25 gramos de peso acumulan unos treinta mil kilómetros de viaje a sus pequeñas espaldas. ¿Impresionante verdad?

Existen estudios que evidencian el cambio de patrones migratorios en las aves en los últimos 50 años, adelantando la marcha y saliendo antes para sus lugares de invernada. Esto, sin duda, es debido al cambio climático principalmente, pero también hay otros factores que no vamos a abordar hoy, por lo extenso del tema. Muchas especies ya no migran como hace por ejemplo 40 años. Fíjense en la cigüeña blanca. ¿Qué curioso, verdad? Muchos milanos reales y águilas calzadas no viajan tanto hasta la cuenca mediterránea como antaño, sino que prefieren quedarse en zonas de Centroeuropa. Esto no es casualidad.

Todos estos factores son obstáculos para las aves que finalmente llegan a nuestras tierras. Es por ello que ante cualquier agravio o señal de debilidad debemos actuar rápidamente y ayudar en lo que sea necesario. Ayudando con pequeños gestos como: no retirar sus nidos, que tanto trabajo les cuesta realizar; no molestando durante la crianza, evitar el uso desmedido de insecticidas, raticidas y otros plaguicidas; colocando vinilos plásticos en cristaleras que eviten su colisión o avisando a los Agentes para la Protección de la Naturaleza (APN) pertenecientes a la Ribera Baja en caso de encontrar algún ave o animal herido para su rápido traslado al Centro de recuperación de fauna silvestre. Los APN también realizamos intervenciones en altura, rescatando aves enganchadas en cableado o si el nido presenta anomalías que puedan hacerlo caer. También rescatamos especies de fauna adentradas en balsas de riego y pozos de difícil salida.

Dejemos que estás preciosas aves continúen su ciclo de la vida y puedan tener un feliz viaje de regreso juntos con sus familias, esperando que el próximo año podamos disfrutar de su llegada junto a su progenie con sus cantos y gorgoteos por nuestras calles y campos.

Javier Blasco. Agente para la Protección de la Naturaleza del Gobierno de Aragón en la Comarca de la Ribera Baja

 

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