La sombra que cruzó el Ebro: El eclipse que convirtió la Ribera Baja en un mirador
Durante meses fue una fecha en el calendario, y el 12 de agosto de 2026 se convirtió en una experiencia. El eclipse total de Sol hizo que la Ribera Baja del Ebro se llenara de vecinos, visitantes y autocaravanas llegadas desde distintos países. Los diez municipios prepararon sus propios espacios y actividades para vivir un fenómeno que apenas duró unos minutos, pero que alteró durante horas el ritmo habitual de la comarca.
En localidades como Quinto, la preparación para el eclipse había comenzado mucho antes. El municipio contó con el asesoramiento del astrónomo Rafael Balaguer, que participó en las actividades divulgativas organizadas en torno al eclipse y explicó, entre otras cuestiones, como observarlo de forma segura. Familias y cuadrillas de amigos se repartieron por distintos puntos del municipio señalados por el experto para disfrutar con totalidad del fenómeno: desde la ermita de Matamala hasta el Planerón, el circuito de motocross o las piscinas.
En Pina de Ebro, el eclipse llegó acompañado de una sorpresa. A pesar de que el municipio no se había promocionado como uno de los grandes puntos de observación del fenómeno, distintas localizaciones como el mirador de San Gregorio recibieron visitantes llegados desde otros países, entre ellos franceses, italianos y alemanes. Muchos viajaban en autocaravana y llegaban perfectamente preparados para disfrutar del espectáculo astronómico. La afluencia y la alerta de riesgo extremo de incendio obligaron a organizar el entorno y establecer medidas específicas de acceso y seguridad, entre ellas una zona de aparcamiento de acceso único.
Por otro lado, en Alborge la llegada de la oscuridad se esperaba con música, bocadillos y ambiente de celebración. La explanada de la piscina se convirtió en el punto de encuentro de vecinos y visitantes, donde se prepararon hasta 160 bocadillos para acompañar la espera. Entre música y conversaciones, vecinos y visitantes fueron ocupando el espacio mientras se acercaba el momento.
En Cinco Olivas, el eclipse consiguió hacerse un hueco en las fiestas de verano. El último día de las celebraciones, el 2 de agosto, el municipio acogió una charla divulgativa sobre el fenómeno. El 12 de agosto, sin actividades especiales organizadas por el Ayuntamiento, una buena parte de los vecinos se concentró en la calle orientada hacia Alforque, mientras que el resto se repartían entre las piscinas y el Fortín, hasta superar el centenar de espectadores, además de los visitantes llegados de fuera en autocaravana. Desde el Ayuntamiento resumieron la experiencia con una reflexión: “Es maravilloso cómo nos sorprende la naturaleza y nos recuerda lo pequeños que somos”.
En Escatrón, el eclipse coincidió con el inicio de las fiestas patronales y obligó a adelantar los primeros actos. El chupinazo y la tradicional puesta del pañolico al Vareador se adelantaron para no interferir con el fenómeno, y el desfile de carrozas que da salida a las fiestas se avanzó dos horas. Una vez entregados los premios, los vecinos se repartieron por los puntos previstos para observar el eclipse: la ermita de Santa Aguedica, el depósito del agua, el Tozal —mirador sobre el Ebro— o los propios balcones de las casas. Pasada la oscuridad, las fiestas siguieron su curso con normalidad.
En La Zaida, el eclipse llegó justo antes de las fiestas de San Roque y acabó convirtiéndose en un particular pistoletazo de inicio de fiestas. La pista de pádel se llenó de música y charanga mientras los vecinos esperaban el acontecimiento, y después la celebración se trasladó a la plaza del Torreón, donde los Majos colocaron las banderas, para finalizar la jornada con una disco móvil por la noche. La expectación acabó superando las previsiones: “Se esperaba menos y gustó mucho, se quedaron flipando”, resume Cristian, el alguacil del municipio.
En Sástago, el Ebro y el paisaje abierto de la ribera se convirtieron en el escenario del eclipse. No hubo un único punto de encuentro: el mirador de los Meandros, la Virgen de Montler, el Tambor o las peñas fueron algunos de los rincones escogidos por vecinos y visitantes para contemplar un fenómeno que dejó con la boca abierta a más de uno.
En Alforque, el amplio paisaje del entorno invitó a buscar altura y espacio para contemplar el eclipse. Junto al cementerio, en uno de los puntos más elevados del municipio, vecinos y visitantes colocaron sus sillas y prepararon las gafas de observación para no perder detalle de la totalidad. Este fue también uno de los escenarios más atractivos para capturar fotografías del eclipse, aprovechando el campo abierto y la panorámica despejada para enmarcar el fenómeno con el paisaje del río Ebro como telón de fondo.
En Gelsa, el Ayuntamiento organizó una jornada especial en el paraje de La Gravera, con acceso libre y gratuito desde las 19:00 horas y parking sin coste. El lugar reunió a mucha gente en un ambiente de celebración, mientras un experto ofrecía explicaciones en directo sobre el fenómeno según la luz del atardecer daba paso a la totalidad, a las 20:29 horas. Quienes lo desearon pudieron reservar previamente un picnic con bocadillo de jamón o de tortilla, bizcocho de chocolate y bebida.
En Velilla de Ebro no hubo un punto de encuentro organizado por el Ayuntamiento: fueron los propios vecinos quienes se repartieron por su cuenta en distintas quedadas. La ermita de San Nicolás concentró buena parte de la afluencia, con ambiente de celebración entre quienes se acercaron. Otros grupos prefirieron subir hasta San José, y otros se alejaron hasta el monte para vivir el fenómeno con más calma. La sorpresa fue generalizada entre quienes presenciaron la totalidad.
El paisaje de la Ribera Baja se convirtió entero en mirador. Cada pueblo puso su escenario; el cielo, el suyo. No hubo un único lugar desde el que contemplar el eclipse: cada municipio encontró su sitio, cada grupo su rincón y cada familia su manera de esperar la totalidad.
A medida que avanzaba el fenómeno, la luz fue cambiando y el paisaje adquirió tonalidades extrañas, casi fantasmales. Pero fue durante la totalidad cuando llegó el momento más esperado: la luz del día desapareció durante unos instantes y el sol quedó reducido a un halo luminoso alrededor de la luna. Después, cuando la sombra comenzó a retirarse, las lomas y las calles recuperaron poco a poco la luz, teñidas de tonos anaranjados, como si tras el eclipse amaneciera de nuevo. Una escena tan breve como difícil de olvidar.
El eclipse terminó, las calles recuperaron su movimiento y el verano siguió adelante. Pero durante un momento, toda la Ribera Baja compartió una misma mirada hacia los astros alineados.
Violeta Gutiérrez


























