Viernes 14 Agosto 2020
María Tejel

María Tejel es una joven de Sástago, municipio en el que vivió hasta que se vio obligada a trasladarse a Zaragoza para completar sus estudios en desarrollo de aplicaciones web.

El pasado mes de enero finalizó sus prácticas y, aunque la empresa en la que las hizo le ofreció continuar allí con un contrato, se encontró con que, hasta que este comenzara, iba a tener unos días libres. “Iba a pasar todo el mes de enero en Sástago sin tener nada que hacer. Mi madre trabaja en el colegio y yo sé que no hay nadie en el centro que se dedique a mantener los ordenadores, así que se me ocurrió hablar con Fina, la directora, para ver qué le parecía la posibilidad de que me acercara por allí a hacer una puesta a punto de los equipamientos informáticos que son, en muchos casos, los mismos que utilicé yo en su día cuando fui alumna del centro”, explica María.

Tras contar con el beneplácito entusiasta de la directora del colegio y en estrecha colaboración con ella, María pasó las tres semanas siguientes acudiendo al centro. Puso a punto los equipos e instaló Google Classroom, un servicio web educativo gratuito desarrollado por Google que permite la creación de aulas virtuales dentro de una misma institución educativa y sirve como nexo entre profesores, padres y alumnos. “Yo había usado esta herramienta y me parecía muy interesante para que la pudieran usar los niños de 3º de Primaria para arriba”, comenta.

Plantearon el uso de esta plataforma como apoyo al trabajo diario en las aulas, y María pasó por las distintas clases para dar unas pequeñas sesiones de formación sobre su uso. “A partir de una página principal se van creando aulas con alumnos. En cada una de las aulas el profesor puede asignar tareas con textos, audios, fotos y vídeos. Al mismo tiempo puede poner avisos, crear encuestas o recibir respuestas de los alumnos. Cada alumno tiene su propio drive con capacidad ilimitada. Los profesores pueden adjuntar archivos para que los alumnos los vean o editen y pueden ver los progresos que hacen los alumnos, comentar en los archivos de estos o editarlos en tiempo real. Una vez entregados y evaluados, los archivos ya no pueden volver a ser modificados por el alumno. Es una forma fácil de interacción entre el alumno y el profesor y se puede incluso realizar exámenes con tiempo controlado”, explica María.

Sin embargo, la evolución de los acontecimientos y el cierre abrupto de todos los centros escolares a mediados de marzo hizo que lo que en principio iba a ser una herramienta de apoyo que iban a empezar a manejar poco a poco se convirtiera en determinante para que el último trimestre pudiera llevarse a cabo. “Nunca pensé que lo que comenzó como algo casual acabara siendo tan importante, pero eso hace que me alegre de haberlo hecho en ese momento y no en otro. Hubo alumnos que tuvieron que llevarse ordenadores que yo había arreglado, y eso me alegra, porque sino no se los hubieran podido llevar. Me dio mucha pena, eso sí, porque no me dio tiempo de ir al instituto, que también fue el mío, donde me hubiera gustado también echar una mano”, añade María, que cree que esta crisis del COVID-19 ha abierto aún más una brecha digital muy complicada. “Es un error dar por hecho que todo el mundo tiene acceso a Internet y a los medios digitales para conectarse, porque en muchos casos no es así. Afortunadamente, con los pocos medios que había, en el cole de Sástago se ha conseguido salir del paso y, la parte buena, es que tanto los alumnos como los profesores se van a convertir en tiempo récord en unos ‘fieras’ en el manejo de Google Classroom”, bromea María.

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